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martes, 25 de enero de 2011

Nuestras Alas Terrestres

En las sesiones de masaje es común ver que los dolores se focalizan la mayoría de las veces en el omóplato, ese hueso que sobresale cuando echamos el brazo hacia atrás. Esto significa que duele la carga que no nos corresponde!

Han llegado personas a la consulta y me dicen: “vine a relajarme un poco, no me duele nada” y cuando toco ese punto,  de pronto viene ese dolor agudo que desvaría!

Qué cargas llevas a cuestas que no te pertenecen?

Todos llevamos algo de ello, igualmente hay otro factor: “no disfrutamos de lo que hacemos”, entonces duele el omóplato, los huesos que yo llamo alas!

Qué no dejamos libre? Qué es lo que no nos permite libertad?: la hipoteca?, nuestra pareja que no queremos ya como pareja?, deudas?, trabajos que no queremos hacer? Lugares donde no queremos estar?, padres?, Hermanos?, Misterios?, qué ocultamos?

Bueno, estas son unas de las interrogantes, pero si integro todo esto con la firma galáctica maya de cada persona y veo en sus trece articulaciones los tonos correspondientes a su Onda Encantada, podemos saber más de dónde proviene todo este dolor.

La onda encantada es un mapa ubicado en trece articulaciones del cuerpo que comienza por el tobillo derecho, pasando por rodillas, cadera, muñecas, codos, hombros y garganta. En cada punto hay un tema: nuestros propósitos, dificultades, servicio, equilibrio, acción de decir, armonía, intención, manifestación, liberación, cooperación y trascendencia.

Sería más útil saber qué y por qué duele,  cómo emprender el camino de sanación y relajarnos útilmente. Despleguemos nuestras alas!

1 comentario:

  1. La Psico-Neuro-Inmunología es la ciencia que estudia desde hace más de veinte años los efectos de la mente sobre el sistema inmunológico, y está basada en observaciones realizadas en investigaciones científicas sobre este tema.

    Sostiene la hipótesis de que el sistema inmunológico puede ser controlado por la mente. No es que la mente pueda curar una enfermedad sino que puede alterar el proceso o la disposición hacia la enfermedad.

    Hay una conexión psicofísica entre el cerebro y el sistema inmunológico, es decir, una conexión directa entre los dos sistemas a través de los conductos nerviosos, según lo demuestran experiencias en laboratorios de la Universidad de Rochester, USA.

    Se pudo constatar, en estas investigaciones, a través del microscopio, cómo las terminaciones nerviosas se conectaban con los linfocitos, encargados de la defensa del organismo.

    El stress es capaz de afectar las defensas, ya que se ha podido comprobar que los glóbulos blancos disminuyen su actividad por ejemplo, en estudiantes sometidos a examen.

    Con relación a las enfermedades autoinmunes, se realizaron algunos experimentos con enfermos de lupus, tratando de comprobar la posibilidad de producir el mismo reflejo condicionado de Pavlov, con la administración de la medicación.

    Si se le administraba al paciente la medicación corticoide y al mismo tiempo una solución bebible con gusto fuerte, luego de varias tomas, al suspenderle el corticoide y dándole solamente la solución bebible, el cuerpo de la paciente se comportaba como si hubiera incorporado la medicación.

    Se realizaron experiencias con técnicas de relajación y visualización con mujeres con cáncer de mama y se comparó el resultado con un grupo testigo que no utilizó estas técnicas sino que solamente se reunía en sesiones grupales terapéuticas; y se pudo constatar que entre ambos grupos surgieron diferencias inmunológicas muy significativas, a favor del primer grupo.

    Otras experiencias relacionadas con trastornos que ocasionan los estados de stress crónico se realizaron con matrimonio con continuas peleas y desavenencias. Las mujeres mostraron mayor stress expresado por una depresión continua del sistema inmunológico.

    Se llegó a la conclusión de que la forma de percibir la realidad es igual a la forma que tiene el cuerpo de percibir la enfermedad. Es decir que existe identidad entre la forma de ver el mundo y la forma que tiene el cuerpo de enfrentar enfermedades.

    La liberación del ACTH, hormona que se segrega por causa del stress, inhibe la capacidad de las células de agrandarse y elaborar anticuerpos.

    También se hicieron experiencias con heridas y se comprobó que las personas sometidas a stress no cicatrizan normalmente.

    Existe evidencia de que circunstancias de stress extremo aumentan la incidencia del ataque cerebral. Después del terremoto en Japón, los ataques cerebrales aumentaron un 90% en comparación con la cifra registrada el año anterior.

    Sin embargo, estudios recientes en la Universidad de Cambridge constataron que no es el stress sino la forma en que lo enfrentamos lo que aumenta o disminuye el riesgo de padecer ataque cerebral. Es decir, que es la forma en que uno se adapta a ese stress la que determina el impacto que puede tener en el cerebro.

    El análisis estadístico de esta investigación demostró, tanto en hombres como en mujeres, que aquellos que adoptan una actitud positiva frente a la adversidad, valorando las experiencias vitales como comprensibles y aceptables y se adaptan a ellas sin resistencias, pueden reducir el riesgo de ataque cerebral independientemente de otros factores de riesgo.

    Esa capacidad de adaptación a la adversidad social o stress fue definida hace veinte años por Aaron Antonovsky como “sentido de coherencia”.

    Se confirma entonces científicamente esta relación que ya se presumía desde hace siglos, gracias a la observación y el sentido común.

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